En primer lugar:
La envidia, hasad, es resentir una bendición que Al-lah ha otorgado a la persona que es objeto de la envidia, y desear que le sea quitada. Es una característica vil y baja, y es un pecado mayor.
El envidioso es el enemigo de las bendiciones, y este mal surge del corazón y de la naturaleza del envidioso. No es algo que haya adquirido de otra parte; más bien, es porque su nafs es mala, en contraste con la brujería, que ocurre adquiriendo cierto conocimiento y buscando ayuda de espíritus demoníacos (Badai Al Fawá’id, 2: 458).
En segundo lugar:
La envidia no cambia en absoluto el decreto de Al-lah, Exaltado sea, porque nada puede repeler el decreto divino excepto la súplica, dua’. Así que, quien teme la envidia del envidioso puede buscar protección contra él y su mal ofreciendo súplica, volviéndose sinceramente a Al-lah y poniendo su confianza en Él.
Ibn Uzaimin, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, dijo: “La envidia es una de las características de los judíos, y es un pecado mayor. No cambia nada del decreto de Al-lah, Glorificado y Exaltado sea; más bien es una causa de tristeza y dolor para el envidioso, y eleva en estatus a quien es envidiado, especialmente si el envidioso transgrede contra él, porque Al-lah, Exaltado sea, se vengará del transgresor” (Fatáwa Nur ‘ala Ad-Darb, 24: 2).
La envidia no impide el decreto de Al-lah, y quien tema algo de eso puede buscar ayuda contra ello ofreciendo súplica, porque eso es lo que puede hacer retroceder el decreto divino, como hemos mencionado arriba.
En tercer lugar:
El mal del envidioso puede ser repelido de la persona envidiada de diez maneras:
- Buscar refugio en Al-lah, Exaltado sea, de su mal.
- Temer a Al-lah y adherirse a Sus mandatos y prohibiciones. Al-lah se encarga de aquel que Le teme y no permitirá que otros le hagan daño.
- Mostrar paciencia hacia su enemigo y no combatirlo, no quejarse de él ni pensar en hacerle daño en absoluto. No hay victoria mejor contra un enemigo envidioso que mostrar paciencia soportándolo y confiando en Al-lah.
- Poner la confianza en Al-lah. Al-lah le será suficiente a aquel que pone su confianza en Él. Poner la confianza en Al-lah es el medio más fuerte por el cual una persona puede repeler lo que no puede soportar, como el daño, la transgresión y la enemistad de otras personas. Es uno de los medios más poderosos para lograr eso.
- No distraerse con el envidioso ni pensar en él, de modo que no se le preste atención ni se le tema, y el corazón no se llene de pensamientos sobre él. Este es uno de los remedios más beneficiosos y de los medios más efectivos para repeler su mal.
- Volverse a Al-lah con sinceridad.
- Volverse a Al-lah en arrepentimiento por los pecados por los cuales Al-lah permitió que los enemigos del individuo le hicieran daño.
- Dar caridad y hacer actos de bondad tanto como se pueda, porque eso tendrá un efecto asombroso en repeler la calamidad, el mal de ojo y el mal del envidioso.
- Este es el medio más difícil y duro para el individuo, y nadie puede hacerlo excepto aquel a quien Al-lah bendice enormemente. Es extinguir el fuego del envidioso, del que odia y del que causa daño mostrando bondad hacia él. Cuanto mayor sea el daño y el mal, más bondad se le debe mostrar, ser sincero con él y sentir compasión por él.
- Lo principal, a lo cual todos los demás están conectados, es pensar en la unicidad de Al-lah y atribuir los medios y las causas a Aquel que es el Creador de las causas, es decir, el Todopoderoso, el Sabio, y darse cuenta de que estos medios y medidas son como los movimientos del viento: están en la Mano de Aquel que los mueve, que los creó, y nada puede causar daño o traer beneficio excepto con Su permiso (Badá’i Al Fawá’id, 2: 463-469).
Vea también la respuesta a la pregunta núm. 105471.
Y Al-lah sabe más.