La envidia, hasad, es una característica vil y baja, y no cambia nada del decreto divino

Pregunta 180892

¿La envidia, hasad, cambia lo que hay en los vientres? Es decir, si el niño es varón, ¿la envidia lo convertirá en mujer?

Texto de la respuesta

Alabado sea Al-lah, y que la paz y las bendiciones sean con el Mensajero de Al-lah.

En primer lugar:

La envidia, hasad, es resentir una bendición que Al-lah ha otorgado a la persona que es objeto de la envidia, y desear que le sea quitada. Es una característica vil y baja, y es un pecado mayor.

El envidioso es el enemigo de las bendiciones, y este mal surge del corazón y de la naturaleza del envidioso. No es algo que haya adquirido de otra parte; más bien, es porque su nafs es mala, en contraste con la brujería, que ocurre adquiriendo cierto conocimiento y buscando ayuda de espíritus demoníacos (Badai Al Fawá’id, 2: 458).

En segundo lugar:

La envidia no cambia en absoluto el decreto de Al-lah, Exaltado sea, porque nada puede repeler el decreto divino excepto la súplica, dua’. Así que, quien teme la envidia del envidioso puede buscar protección contra él y su mal ofreciendo súplica, volviéndose sinceramente a Al-lah y poniendo su confianza en Él.

Ibn Uzaimin, que Al-lah lo tenga en Su misericordia, dijo: “La envidia es una de las características de los judíos, y es un pecado mayor. No cambia nada del decreto de Al-lah, Glorificado y Exaltado sea; más bien es una causa de tristeza y dolor para el envidioso, y eleva en estatus a quien es envidiado, especialmente si el envidioso transgrede contra él, porque Al-lah, Exaltado sea, se vengará del transgresor” (Fatáwa Nur ‘ala Ad-Darb, 24: 2).

La envidia no impide el decreto de Al-lah, y quien tema algo de eso puede buscar ayuda contra ello ofreciendo súplica, porque eso es lo que puede hacer retroceder el decreto divino, como hemos mencionado arriba.

En tercer lugar:

El mal del envidioso puede ser repelido de la persona envidiada de diez maneras:

  1. Buscar refugio en Al-lah, Exaltado sea, de su mal.
  2. Temer a Al-lah y adherirse a Sus mandatos y prohibiciones. Al-lah se encarga de aquel que Le teme y no permitirá que otros le hagan daño.
  3. Mostrar paciencia hacia su enemigo y no combatirlo, no quejarse de él ni pensar en hacerle daño en absoluto. No hay victoria mejor contra un enemigo envidioso que mostrar paciencia soportándolo y confiando en Al-lah.
  4. Poner la confianza en Al-lah. Al-lah le será suficiente a aquel que pone su confianza en Él. Poner la confianza en Al-lah es el medio más fuerte por el cual una persona puede repeler lo que no puede soportar, como el daño, la transgresión y la enemistad de otras personas. Es uno de los medios más poderosos para lograr eso.
  5. No distraerse con el envidioso ni pensar en él, de modo que no se le preste atención ni se le tema, y el corazón no se llene de pensamientos sobre él. Este es uno de los remedios más beneficiosos y de los medios más efectivos para repeler su mal.
  6. Volverse a Al-lah con sinceridad.
  7. Volverse a Al-lah en arrepentimiento por los pecados por los cuales Al-lah permitió que los enemigos del individuo le hicieran daño.
  8. Dar caridad y hacer actos de bondad tanto como se pueda, porque eso tendrá un efecto asombroso en repeler la calamidad, el mal de ojo y el mal del envidioso.
  9. Este es el medio más difícil y duro para el individuo, y nadie puede hacerlo excepto aquel a quien Al-lah bendice enormemente. Es extinguir el fuego del envidioso, del que odia y del que causa daño mostrando bondad hacia él. Cuanto mayor sea el daño y el mal, más bondad se le debe mostrar, ser sincero con él y sentir compasión por él.
  10. Lo principal, a lo cual todos los demás están conectados, es pensar en la unicidad de Al-lah y atribuir los medios y las causas a Aquel que es el Creador de las causas, es decir, el Todopoderoso, el Sabio, y darse cuenta de que estos medios y medidas son como los movimientos del viento: están en la Mano de Aquel que los mueve, que los creó, y nada puede causar daño o traer beneficio excepto con Su permiso (Badá’i Al Fawá’id, 2: 463-469).

Vea también la respuesta a la pregunta núm. 105471.

Y Al-lah sabe más.

Referencia

El comportamiento detestable

Fuente

Sheij ‘Abdul ‘Aziz Ibn Baz (que Al-lah lo tenga en Su misericordia), Fatawa Nur ‘ala ad-Darb, 1/334.

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